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De Quimeras y Ensoñaciones

un paréntesis de humor

Se abre el paréntesis

Un paréntesis de pretendido humor sin pretensiones.

Es un entrañable loco de pelo blanco que hoy me ha dicho que iría a ver al Secretario para pedirle que le dejen marcharse a las doce y media del trabajo porque el partido de fútbol empieza a la una, ya que se juega en Japón y es la final de la copa Intercontinental, (ya empezamos a hacer publicidad gratuita de la emisora de radio que escuchas por las mañana) lo que realmente quería decir es que quería ver a la secretaria del Secretario. Estaba de guasa, claro, igual que cuando le tira de forma sutil los tejos a la secretaria del Secretario. Y mira que está buena la secretaria y está malo el viejo, que hace un mes le dio un arrechucho que a punto estuvo de llevárselo al otro mundo, pero a ese viejo loco entrañable le hace tilín la morena, y la grita piropos cada vez que la ve pasar, y mira que es simpática la tía, y mira que es cachondo el viejo, y eso que el médico le ha dicho que no debe excitarse, pero esa morenita, con ese meneíto, con esas piernas blancas blanditas, tras las que se van los ojos del loco, y llena de babas el suelo y de todos, de todos, no sólo del viejo, diantres, le hace subir las pulsaciones de su dañado corazón. Si no le mata el fútbol, lo matarán las mujeres.
Que no me entere yo que ese culito pasa hambre, es su frase preferida, y no por repetida pierde su gracia al decirla, ni la sonrisa de ella al mirarle con ojos de nieta hacia un abuelo, pierde su comprensión y agradecimiento. La secretaria del Secretario iría al fin del mundo con aquel simpático viejo. Y es risueña, alegre, desenfadada, bromista, atrevida, sin complejos en un corro de hombres, en un circo de machos, nada huraña como la otra, la rubia desteñida, su secretaria, bajita y regordeta que siempre la acompaña, con cara de guau guau y a la que nunca se le ven las piernas.
La secretaria de la secretaria del Secretario considera a aquel viejo un viejo verde y a los demás unos brutos y ellos la consideran a ella una antipática cretina estirada con un genio de mil pares de narices, nada de genio de lámpara maravillosa, ¡Ojalá!. De ser así, le pedirían el deseo de transformar a la secretaria de la secretaria del Secretario en otra secretaria del Secretario, para tener dos morenitas simpáticas repes paseando por los pasillos.
¿Y que me decís si os digo que el viejo loco entrañable estaba enamorado secretamente de la secretaria de la secretaria del Secretario y no de la secretaria del Secretario? . Pero como a todos les parecía horrible, el viejo les seguía la corriente, no la eléctrica, donde un día hace años, quedo pegado y le despegaron medio chamuscado, ni la del río, donde pescó una trucha con cuya espina casi las espicha, sino la otra, la de seguirles la opinión.
Un día que no se trajo las gafas, el viejo se equivocó de puerta en los aseos y entró en la de mujeres. Eso sólo le pasaba cuando no traía las gafas. Mientras hacía de vientre, las dos mujeres entraron. Olía mal. Puf. Muy mal. Apestaba. ¿A que olía? . Je,je. No lo diré. Y ellas se asomaron al espejo a estirarse las cejas de abajo, ¿O eran las pestañas de arriba? . La cuestión es que entraron a estirarse y hablaron. El viejo tembló. Joer, estaba con los pantalones bajados. ¿Qué hacían en los servicios de caballeros las secretarias? . Escuchó.
- El del pelo blanco es muy simpático – era la voz de la secretaria del Secretario – muy cachondo y un poco chalado, pero …
- Yo creo que está loco – oyó decir el de los pantalones caídos a la secretaria de la secretaria del Secretario – y es un grosero soez y descarado, un bruto.
- Pues yo diría que te mira con ojos de gato degollado, no es así, con ojos de cordero escaldado, tampoco, de gallo espeluchado, bueno, con ojos de eso. Con ojo de oso. Desesoso. Desesuso. Desasusado. Desaseado.
- ¡Deseoso! .
- Eso. Te mira Deseoso.
- Otra vez sigues con el mismo tema. Ese vejestorio acabará un día de estos yendo a criar malvas y pa mi que quizá tú tengas algo de culpa, eres mi jefa y no puedo decir las cosas muy claras, pero como amiga te diré que a tu lado, soy un perchero y tú con esa pechera, ¡Que pecho!, pues eso, si las espicha, algo tendrás que ver tú y tus témporas, que el viejo no es de témpano y las mira, y el culo también, aunque va de culo si se hace ilus, porque lo que es a mi, verme no me ven nada, todos los ojos están en ti.

Y el viejo, a todo esto, cagando.

- Pues yo juraría que tú también, a pesar de tus peroratas – Y el viejo se tiró un pero, digo, un peo, silencioso pero oloroso – le miras con ojillos vidriosos al viejo canoso.
- No.
- Si.
- No.
- Soy tu jefa.
- Vale. Pero al viejo no me lo tiro.

Y el viejo, tiró de la cadena.

Las dos secretarias, al oír que no estaban solas, salieron de los aseos precipitadamente, dejando el lápiz de labios encima del lavamanos. Cuando regresaron a los diez minutos, esta vez a colorearse con los rotuladores de la oficina, vieron un mensaje escrito en el espejo que rezaba ( aunque aquello no era nada religioso) :

A los viejos no se les tira por el retrete, para tirar está la cadena.
Y estaba firmado.

Se cierra el paréntesis.

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